Entrenamiento, nutrición y la ciencia del rendimiento — con criterio, sin humo.
Nos enseñaron a estirar para rendir más y lesionarnos menos. Pero la evidencia apunta a que la rigidez del tendón es el resorte que nos hace eficientes, que estirar y ganar movilidad no son lo mismo y que casi nada de esto previene lesiones. Repasamos qué sostiene la ciencia.
Durante un siglo culpamos al lactato del cansancio; hoy sabemos que es combustible. ¿Y si el siguiente salto de la nutrición deportiva fuera tomarlo desde fuera, en plena competición?
Ritmo, pulso, potencia y sensaciones prometen medir el esfuerzo, pero unos miden lo que haces y otros lo que te cuesta. Ventajas y límites de cada uno, para que decidas cuál te conviene.
Unas ruedas de perfil cuestan miles de euros y prometen velocidad. Pero el ancho de tus cubiertas, una cadena limpia, la presión correcta y tu propia posición regalan tantos vatios como ellas por muchísimo menos dinero. ¿Dónde está de verdad la ganancia?
Cuando la vida aprieta, es fácil creer que los deportes de resistencia no son para uno. Pero casi nunca el problema es el deporte: es cómo ajustamos la carga a cada etapa.
Entrenar no consiste en cansar, sino en dar el estímulo justo. Un recorrido por la dosis mínima efectiva: superar el umbral que hace falta, y ni una pizca más.
«Yo no corro porque me destrozaría las rodillas» es una de las frases más repetidas. Y la ciencia, casi siempre, lleva la contraria.